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lunes, 26 de abril de 2010

Ansiada libertad...





Tal vez ese era el momento más duro del día para él, pero a la vez el más dulce. Tumbado, en su lecho con la persiana abierta y la luz de la dulce luna tiñendo su cara de su color plateado. El enorme disco argénteo brillaba en sus ojos grandes y verdes y lo incitaban a tirarse por la ventana de su cuarto esperando poder salir corriendo, libre y a su antojo, por el monte adelante como los lobos, tal y como lo hacían sus antepasados siglos y siglos atrás, quería sentirse libre, dejar que sus piernas corriesen a su antojo, liberar sus brazos y poder correr, explorar el mundo hasta caer extenuado.

Cerró los ojos momentáneamente y el corazón latió con fuerza. Se vio a sí mismo, convertido en un imponente lobo negro con las fauces cerradas y grandes, cuyo color amarillento no hacía sino imponer más y más miedo. Sus ojos eran grandes y verdes; y estaban abiertos al mundo… Y ya no estaba en esa maldita habitación, ese condenado habitáculo que lo retenía, sino al frente de una manada de lobos, liderándolos en pos de su supervivencia en medio del bosque.

Era… Libre. En su sueño era libre. Y feliz.

miércoles, 21 de abril de 2010

El que no aprendió a olvidar

Esclavo de su encanto,

Prisionero de su dulzura

Me siento recluido en su hechizo,

Hecho sin ninguna clase de usura

Cuántas veces me lo he preguntado,

Pensando en aquello que pudo ser

Y que a mi pesar, me he desilusionado

Al saber que algo no podría haber

Y aunque no busco nada

Ella sigue hechizándome

En un embeleso propio de un hada

Con dolores que siguen apuñalándome

Soledad, triste compañera

Irónico, que tú seas la única que me reanima

Tristeza, solitaria cómplice

Sarcástico que tú seas la que me llena

El vacío no está lleno,

Sólo está repleto de ignorancia y miedo

Y suplico porque el dolor acabe siendo tierno

Dentro de un alma en desasosiego.

Así, disfrutad de este amargo cantar

Pues es la historia de un hombre

Que aún no aprendió a olvidar.

martes, 20 de abril de 2010

Su sonrisa de hada

Esclavo de sus sonrisas
lacayo de su voz
ella con su risa
siega mi alma cual hoz

La desnuda y deja al descubierto
vulnerable al intemperie del tiempo,
y aún así con todo, la protege,
pues con su alegría una gruesa prenda teje

Pero ella se halla en la cruel lejanía
y para mí, es una malvada pero dulce tiranía.
Posiblemente la vea, puede que no
pero eso no menguara el calor por el que lato

Ella es feliz, y yo también
y cuando se halla así, yo voy bien
a pesar de que no tenga nada,
todo lo que me queda... Es su sonrisa de hada.


martes, 27 de octubre de 2009

Libertad...

Un hombre encadenado. En una cruz. Sus heridas eran claramente visibles, y su mirada vacía, sin sentimiento alguno, y sabía que estariá encadenado a esa cruz para siempre, en aquella sala oscura, con gotas de sangre cayéndole encima de sus hombros y su cabeza, empapando su pelo y no haciendo sino apresarlo aún más en su sangrienta prisión. Una sala oscura, sin una sola pizca de luz y aún menos de esperanza lo mantenía encerrado. Estaba completamente solo, prácticamente pudriéndose y medio muerto. Sus gritos de angustia se escuchaban con cada recoveco en la estancia, aunque nadie los respondía ni iba a ayudarle o brindarle una mano para sujetarse, y aún menos a liberarle de sus cadenas. El frío le recorría la espalda, desde el cuello hasta donde la espalda pierde su casto nombre, y no hacía sino despojarle de todas sus fuerzas para poder liberarse de esas cadenas que lo mantenían preso.

-¿Por qué a mí?-Preguntó, de nuevo en un grito, mientras tiraba de las cadenas, como había hecho desde años atrás, de cuando lo habían apresado para evitar que hiciese más mal.-¿Porqué he sido yo el que hizo tanto mal? ¿No podía haber sido otro?-De nuevo, su voz hizo eco en la sala oscura, sumiéndose de nuevo en ese angustioso silencio que lo estaba volviendo loco. Sin embargo, algo cambió ahí dentro: Una luz tenue empezó a iluminar el suelo lleno de sangre, hasta que ese pequeño haz señaló un trono en frente a él, encima de un montón de calaveras que haciendo unas escaleras, lo alzaban en frente a él, como si estuviesen mirándole fijamente, esperando que ocupase su lugar. El preso respiró hondo, mientras su respiración se agitaba, otorgándole de nuevo fuerzas para poder liberarse él solo, aunque los eslabones eran tan fuertes, que no era capaz de quebrarlos por mucho que tiraba de ellos. Las muñecas comenzaron a sangrar y a mezclarse con la sangre que ya estaba en el propio suelo, mientras su respiración se agitaba segundo tras segundo, luchando por liberarse y salir de nuevo, y sentarse sobre el trono que le correspondía.

“Si lo quieres, lucha por él” Por primera vez en tanto tiempo, una voz se escuchó, sonando como un eco por toda la sala, pero sin artífice material que la haya articulado.

-¿¡Cómo, si estoy apresado!?-Rugió, desesperado el guerrero mientras seguía lesionándose en sus ya de por sí maltrechas manos, a la par que sus músculos no hacían sino estirarse más y más y hacerle todavía más daño, mientras las gotas de sangre que caían del techo seguían recorriendo su cuerpo desnudo, colmándolo de escalofríos.

“Encuentra la forma y el porqué” Respondió la voz, grave y estridente como la de un dios, o como la de un verdadero titán.

-¡No puedo! ¡Estoy solo, no puedo hacerlo!-Exclamó, lastimero, mientras la voz del titán se reía a carcajadas, no sólo haciéndole sentir humillado, sino aún más desamparado. Aquello no era una voz de ayuda, era un caprichoso ente con ganas de pasárselo bien a costa de un prisionero de aquella maldita cárcel inhumana. El pelo ya se le había pegado a la espalda días atrás, y los mechones le tapaban en gran parte los ojos verdes con los que intentaba observar con deseo su trono. Otro rugido de angustia y de nuevo más tirones, el guerrero no podía creerse que le estuviese pasando eso a él, y aún menos que estuviese luchando con semejante frenesí por alcanzar… Algo que no sabía por qué estaba ahí, y que aún menos, sabía para qué iba a servirle, si tanto lo deseaba. Tal vez fuese el espíritu de libertad lo que le movía, tal vez el hecho de que no le siguiesen reteniendo en su oscura y fría prisión de sangre y huesos.

“Encuentra la forma de complacer a tu captor y serás libre” Susurró la voz, antes de desvanecerse, mientras el implacable guerrero seguía luchando por liberarse, aunque se estuviese haciendo más daño con cada tirón que daba.

Su libertad, debía ser de él. Aquel trono, lo esperaba.


Un nuevo escrito del lobo sin manada.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Espírito libre -Poema en gallego-




Nunha época olvidada
Onde toda palabra sobraba
Os versos olvidados resultaban
E as súas sílabas xa non se entoaban

Cantas cancións olvidáronse nese tempo?
Cantos versos foron esnaquizados entón?
Cantos embusteiros caláronnos sen temor?
Cantos avasalados fomos sen perdón?

Nesta terra de bravos homes
Caídos polos inimigos e mortos como irmáns
Con sangue escorregando polas súas mans
Irmáns e amigos, coma valentes caestes.

Conquistado o territorio foi
Mais a terra non é de ninguén
Non ten amos, nin vasalos
Como a terra é libre, nós tamén.